Crónica de mi primer cana

imagesCAIOO71VDesde hace varios meses, las revistas más importantes de moda muestran a una mujer bella y natural en todos los aspectos. Y yo,  que siempre me he ostentado como una femme vanguardista y al último grito de la moda, he decidido dejar de teñirme el cabello y volver a mi tono natural. ¡Adiós al negro, al rojo y al rubio platinado de cajita!

Son ya seis meses de abstinencia de tinte.  Pero hoy,  cuando el proyecto se perfilaba para ser todo un éxito, aparece ella; Blanca, larga, lisa y orgullosa: Mi primera cana.

¿No podría haber salido en otro sitio? No. Aparece ahí,  en la sien izquierda para que se vea mejor.  Me vuelvo a mirar en el espejo esperando  que todo sea una ilusión óptica. Nada. Es la cruda realidad.

¡Estoy vieja! Es el primer pensamiento que se me viene a la cabeza. Intente recordar donde había guardado aquella caja de Loreal excell 10 número 3 que tanto use. Jamás la encontré. Le llame a mi madre, esperanzada de recibir palabras motivadoras. ¿Quién mejor que la mujer que me sigue llamando Mi bebesita, pimpollito,  princesita,  a mis treinta añazos para subirme el ánimo? … ¡Zas! bofetada sin mano cuando me restriega en la cara que ya estoy “madurita”.

No concibo, cómo es posible que una persona que tanto se ha preocupado por verse bien, por estar en forma, tenga  que pasar por esto.

Después de mucho meditar y recordar mitos acerca de arrancar bruscamente una hebra como esta, caí en cuenta: Tengo treinta y no estoy casada ni tengo hijos; no tengo nada de nada. Esto es una tragedia. Pero después reflexione: ¡Pero si soy una niña!  Llegar a los treinta solo es una tragedia si vives en África, porque significa que solo te quedan seis años de vida.

¿Entonces porque ligo la aparición de un cabello sin color con la vejez? Cuando tenía veinte, creía que en diez años mi vida estaría resuelta. Hacia planes sin importar que estos se concretaran. A los veinticinco, me sentía en “plenitud” total. Apenas comenzaba a trabajar, pero vivía con mis papas. Lujos, fiesta y amigos no me podían faltar.

Hoy, a mis treinta,  hice una pausa en mi vida para darme cuenta  de la significancia de la palabra certeza. Ahora sé que no seré reina de belleza, ni tampoco modelo de pasarela. Pero soy la protagonista de mi vida, sin darme cuenta, tengo el control de mi tiempo y de mi dinero.

Puedo decir que los treinta son la edad de la fortaleza. Ya se empiezan  a cosechar los frutos de lo sembrado. Estoy entre la edad en la que uno se casa y aprende a ganarse la vida y en la que se vuelve sabio a punta de madrazos.

Ahora comprendo, que a los treinta todavía tienes una que otra montaña que conquistar pero haz dejado  de preguntarte hacia dónde vas. Es a partir de aquí, en donde empiezas a camina a paso firme hacia la meta.

Al final de este día y como un mensaje divino, me encontré con una mujer aparentemente de mi  edad.  Un corte pixie le daba personalidad pero un cabello tupido de canas le sumaba seguridad.

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