La odisea de vivir con tu pareja

amorlibre

Si alguien juzga la unión libre ya sea por cuestiones religiosas o convencionalismos moralistas, ignóralo, tiene envidia porque el no tuvo el valor de prever lo que venía.

Más allá de lo que la iglesia pueda prohibir e independientemente del que dirán, el vivir con alguien es un reto y para quien lo hace y lo lleva a un segundo nivel ¡mis respetos!

Los tiempos si han cambiado, la mayoría de las mujeres ya no tenemos el chip de la total sumisión. Por inteligentes o por tontas,  somos independientes, trabajamos para ganar el dinerito que nos sostiene o que nos ayuda a cumplir nuestros caprichitos; bailamos hasta altas horas de la noche y vestimos lo que se nos pegue nuestra regalada gana,  pero eso sí, a la hora de ser mamis somos las mejores.

Definitivamente todo tiene un precio, este crecimiento social  nos ha obligado a contribuir en partes iguales al gasto familiar, a procurar al marido o concubino como su mamá lo hacía y mantener la casa impecable (con o sin “muchacha”). Uf! A veces maldigo mi derecho a votar pero ya no hay marcha atrás,  el camino recorrido ya es mucho.

A la mujer que decide unir su vida a otra persona para probar antes del matrimonio, la bendigo. Para la que lo hace después de meditarlo a conciencia y no por un impulso, la defino como el Einstein contemporáneo. La madurez y la inteligencia son elementos fundamentales para sobrellevar lo que apenas empieza.

Nunca confíes en la mujer que te diga que es inmensamente feliz en su vida amorosa, que los problemas en su mundo no existen y que todo es simplemente perfecto. Ahora que vivo bajo el mismo techo que mi puchunguito  entiendo porque los finales felices de las películas terminan con un beso. Lo que me angustia, es que ni walt Disney se ha atrevido a contar lo que sigue después.  Estoy segura de que de hacerlo, muchos no se atreverían a intentarlo y radicarían en el país de la soltería por varios años más.

bobMe pesa admitir que igual me dolió el darme cuenta que no es cierto que existen esponjas viviendo en una piña debajo del mar como que la frase “y vivieron felices para siempre” es muy subjetiva.

No es mi intención asustar a nadie, es verdad que hay momentos increíbles que te hacen crecer como pareja, pero también es cierto que el juntar dos modos de vida distintos, dos educaciones similares pero no idénticas, defectos y virtudes bajo un mismo techo tiene sus alta y bajas ¡Y que bajas!

En los últimos tiempos, el matrimonio requiere de mucha tolerancia y de la cooperación de ambos. Para el hombre es muy fácil aceptar que la mujer es igual económicamente a él y defender que él es REY DE LA CASA. Para la mujer, es difícil comprender que además de todas las responsabilidades que ya enliste, también tiene que tener la suficiente inteligencia de educar y enseñar a su pareja a que la admire y la cuide como el rey que es.

Es doloroso y difícil cuando te das cuenta que no funcionó. Es de humanos equivocarse y de sabios el retirarse solo hay que tener cuidado de cómo lo hacemos; no se vale hacerle daño a nadie, sobre todo a ti misma.

El respeto mutuo es el valor que debemos de fomentar en la pareja. El convivir con alguien todos los días y todas las noches es la prueba máxima. Si lo logramos, estamos listos para dar un siguiente paso y emprender la maravillosa aventura de tener una familia

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